nativos digitales, la generación del cambio

Alejandro Piscitelli, Ernesto Van Peborgh y Ana Clara Lavelle, dirigen esta conferencia donde centran la atención en el concepto nativo digital, a partir del libro Nativos Digitales Alejandro Piscitelli.

“No somos nada si no tenemos amigos, si no tenemos Follower, si no tenemos algún que otro contacto dando vueltas. Y, evidentemente, hacemos un millón y medio de cosas a la vez y participamos en múltiples actividades, meetings y todo al mismo tiempo… Así es que, bueno, ser nativa obviamente sería hacer todo lo que siempre hice y quise hacer pero de forma más rápida. Vuelo, llego, busco, viajo, conversamos, compartimos y comunicamos, etc., etc., navegamos, miramos, nos conectamos, pensamos” Ana Clara Lavalle, nativa digital.

Un día un profesor nos dijo: si usted es el que sigue con el Facebook abierto mientras estudia, y además escucha música y ve televisión, si cuando vio la presentación en Power Point preguntó si estaba en el correo de la universidad, y sigue jugando con el smarthphone… entonces es un nativo digital, de lo contrario, PREOCUPESE.

Si usted está leyendo esto, y se identificó con algunas características antes mencionadas, eso quiere decir que hace parte de la generación de la inmediatez, de la simultaneidad en múltiples acciones, de la tecnología, de los que siempre están conectados, los que siempre se enteran de lo nuevo, disfrutan momentáneamente de la novedad porque después ya no es novedoso sino comercial. Usted es un nativo digital.

Hace poco estuve en una conferencia donde el conferencista hablaba acerca de que esta nueva generación de jóvenes estaba predestinada a cambiarlo todo, a no asumir consecuencias. Cosa que en las generaciones anteriores no se veía, nadie quería asumir ni el riesgo ni las consecuencias.

Ernesto Van Peborgh, apoya la idea anterior cuando dice que esta nueva generación es la que “vienen a producir el cambio relevante”. Cito el ejemplo de la marcha del 4 de febrero de 2008, en contra de las FARC, promovida por medio de Facebook. Ejemplos sencillos, pero que marcaron la historia colombiana, y no fue una gran figura pública quien lo promovió, sino un nativo digital utilizando su medio de comunicación inmediata y uniendo lo anterior con la necesidad latente que vivía el país de protestar contra aquellos que torturaban la paz de toda Colombia.

Nativos digitales es sólo el concepto, solo hace referencia al nombre de la generación Y, pero en esencia es la generación del cambio.

Cristina Puerta 

tercera ola: yo lo produzco y lo consumo

La tercera ola
Alvin Toffler
Para contextualizar Toffler explica la primera ola como la ola de los prosumidores, es decir que producían para el uso. La segunda ola hace parte de la sociedad industrial, en esta se produce para el intercambio. La tercera ola retoma el concepto de prosumidor de la primera, en la medida en que se ha promovido más el concepto de autoayuda, “hágalo usted mismo”, nuevas formas de fabricación en las que los consumidores son quienes eligen y diseñan el próximo producto que la fábrica realizará. 
El autor especifica que el mercado no acabará, que le intercambio no dejará se ser, sin embargo, la participación activa (en la creación de nuevos productos, de nuevas ayudas, etc.) mutan el mercado de tal manera que el consumidor se convierte en prosumidor
El concepto clave que nos interesa en medio de la cibercultura es prosumidor. Este concepto expresa de las persona prosumidora que es quien crea y consume su propia creación.
Si observamos las nuevas tecnologías, en especial el ámbito digital y la web, veríamos consumidores a quienes se les permitió crear su propio espacio personalizado y consumirlo. El caso específico de las redes sociales permite que quien quiera ser visto y “consumido”, lo sea.
La segunda ola volvió al mundo en un mundo de mercado, eliminando toda capacidad de innovación y reordenamientos tecnológicos. La tercera ola admite estos cambios, e incluso los motiva.
Citando a Ernesto Van Peborgh (expositor en la presentación del libro Nativos Digitales de Alejandro Piscitelli), cuando habla acerca de los nativos digitales: Las generaciones que vienen a producir el cambio relevante son las generaciones de Ana Clara (nativa digital) que todavía no están en las grandes posiciones del poder. Se encuentra el mismo trazo de la tercera ola, pues esta nueva ola está predestinada a crear nuevas cosas, a innovar, a generar impacto por medio del material disponible, de generar nuevas formas de pensamiento y acercamiento a este mismo.

La tercera ola fue escrito en 1980, sin embargo el impacto se ve justo ahora, cuando el mundo gira alrededor de la innovación, la creación, la nuevas tecnologías, lo digital… cuando la relación unos con otros se ven mediadas por la tecnología y las redes sociales. La tercera ola se ve allí cuando una cuenta de Facebook se abre, el creador la modifica, la restringe, la “decora” a su antojo. Es allí donde se ve la relación entre el productor y el consumidor: yo lo produzco y lo consumo. 


Cristina Puerta

Reflexión apropósito del texto: La tercera ola, de Alvin Toeffler

Alvin Toffler nos presenta en este texto un análisis y recorrido histórico a través de la economía.
El autor divide el proceso de desarrollo de la economía en tres momento claves a los que denomina olas. La primera ola consiste en una economía compuesta por una figura llamada prosumidor. Prosumidor es un término que resulta de la unión de los vocablos productor  y consumidor. Éste era precisamente el papel desempeñado por las personas. Durante esa primera ola, etapa que se dio antes de la Revolución Industrial, el prosumidor se encargaba de producir lo que consumiría, su propia comida, su propia vivienda, los medios que necesitara.
Luego habla de una segunda ola en donde desaparece la figura del prosumidor y para dar paso al surgimiento del intercambio de bienes y servicios. Aparece entonces el mercado, en cual se ofrecen bienes y servicios a los cuales las personas pueden acceder según sus necesidades y capacidades.
El autor propone también un tercer momento, la tercera ola. En esta etapa sugiere que se ha dado un regreso del prosumidor. Sostiene que esta figura ha retornado impulsada por la idea actual del Hágalo usted mismo. Los procesos que antes requerían de una mano experta, hoy lo hace cada individuo con ayuda de manuales e instrucciones, cuyo uso se ha visto cada vez más extendido a diversas áreas y actividades que antes eran especializadas. Desde armar un mueble, hasta configurar un dispositivo tecnológico y crear páginas web, emisoras digitales y canales de video.
El uso del término produmidor para referirse a los usuarios actuales de las nuevas Tecnologías de la Comunicación y la Información o para designar a los usuarios del ciberespacio, es bastante común hoy y cada vez ha ido ganando más fuerza y acogida. La utilización de esta expresión está sustentada en que los usuarios de la red no sólo consumen los contenidos que encuentran en el ciberespacio, sino que participan activamente en la creación de los mismos. Utilizan la red para encontrar lo que necesitan o lo que quieren, pero al mismo tiempo aportan y suben a ella sus propios  contribuciones; adquieren y usan el conocimientos o los datos, o las imágenes o audios, o lo que sea que busquen, pero comparten, a su vez, los que poseen.
En muchas ocasiones se parte el supuesto de que con las nuevas TIC se ha alcanzado un nuevo nivel nunca antes visto de participación, de democratización, de interacción de los individuos con los medios, en el cual las personas, encarnando la figura del prosumidor,  son usuarios mucho más activos y propositivos. Se habla incluso de que con estas nuevas tecnologías se ha superado ya la desproporción que había en las relaciones entre los individuos y los antiguos medios masivos de comunicación. Sin embargo, aunque algunas de estas cosas puedan tener algo de cierto, eso sí, en su justa medida, es pertinente hacerse la pregunta, cuestionar si realmente esta interacción que se ha hecho posible, hace que los usuarios sean más activos y críticos. O si más interacción significa mejor participación. O qué tan cierto es eso de que ha habido una democratización, cuando las personas que tienen acceso a las nuevas TIC, y me refiero a un verdadero acceso, tener lo último en tecnología o en gadgets y aplicaciones, etc., es considerablemente mucho más pequeña frente a la gran mayoría que no tiene acceso a ellas. Es más, son muchas las personas que ni siquiera tienen acceso internet, o  las que  apenas tienen un celular sin un plan de minutos. ¿No hay igual o más interacción, crítica y propuestas cuando se lee un libro o una noticia?
Hablar de prosumidor puede tener sentido, pero considero que hay que matizar lo que se está expresando con esta palabra y el significado que se le da a este término, por un lado; y por otro, también sería apropiado matizar la idea de que gracias a las nuevas TIC hemos logrado una comunicación y una integración y desarrollo nunca antes alcanzado.

Daniel Valencia Yepes

El autor Marshall McLuhan hace una reflexión a propósito del mito de Narciso, que puede dar algunas pistas sobre las dinámicas a las que nos enfrentamos hoy en día con el surgimiento de las nuevas Tecnologías de Comunicación e Información.
El autor introduce el texto señalando que alrededor de estemito ha habido una interpretación errónea. Según él, Narciso no estaba enamorado de sí mismo, sino de su reflejo, de la extensión de sí mismo, de la cual tenía conciencia que no era él. 
Pareciera que estas amputaciones, como llama el autor al “reflejo”, a las extensiones de nosotros mismos, surgen como respuesta a “irritaciones” o necesidades, desafíos, cargas que representan para nosotros dificultades o necesidad de cambio. Tal es el caso de la rueda como extensión del pie, dice el autor, que “ante las presiones de cargas nuevas a consecuencia de la aceleración de los intercambios con los medios del dinero y de la escritura fue un pretexto para la “amputación” de esta función del cuerpo”. Y afirma que a la vez que se alivia una “irritación” de una carga cada vez más pesada, se genera una nueva intensidad e acción por la amplificación de una función separada o aislada. Sin embargo, dice McLuhan, con esta amputación llega un “entumecimiento” una pérdida de conciencia, de sentido de una función.
Dice el autor, que cualquier tecnología o invento nuevo es una extensión o autoamputación del cuerpo físico. De la intensificación de un sentido, como resultado de esto, y la pérdida de otro, hay que encontrar un equilibrio entre los demás sentidos y extensiones del cuerpo. Los medios, las extensiones, son un acelerador de la vida sensorial según el autor, que continúa citando a Blake de quien dice que ve al hombre fragmentado por sus tecnologías; fragmentado en sus sentidos, en sus capacidades.
A la fragmentación del sentido, le sigue un “cerramiento” del mismo. McLuhan explica lo anterior mediante un ejemplo en el que dice que si escuchamos la radio o leemos launa páginas impresas, se aceptan esas extensiones y el consiguiente desplazamiento de la percepción que ellas nos suponen. McLuhan propone que es la utilización que hacemos de la tecnología cada día la que nos sitúa “en el  papel de Narciso de conciencia subliminal y de entumecimiento hacia la imagen de nosotros mismos”. Y para explicarlo pone el ejemplo de un nativo americano, que es el servomecanismo, de su canoa, o un ejecutivo que es el servomecanismo de su reloj. En este sentido, dice McLuhan, hay que poner a estas tecnologías, a estas extensiones en un estatus de religiones o dioses menores.
Según el autor, socialmente, la acumulación de presiones es lo que lleva a la innovación e invención, para aliviar las irritaciones. Para finalizar, McLuhan afirma que  la edad de los medios eléctricos que se han convertido en una autoamputación del sistema nervioso, es la edad del inconsciente y de la apatía. Pero paradójicamente es también a era de la consciencia del inconsciente. El hombre ha tomado consciencia por primera vez de la tecnología como extensión de su cuerpo físico.  Para finalizar, el autor reflexiona acerca de que con este despertar, la vida privada, subliminal y social se han puesto a la vista de todos trayendo como resultado que la “consciencia social” se presenta como causa de los sentimientos de culpabilidad.  Y afirma que ahora, “llevamos a toda la humanidad como nuestra piel”, como una extensión.

Daniel Valencia Yepes

El mundo virtual y el ciberespacio, como nuevo lugar para el arte:
El arte, producto originalmente del mundo físico, ha cambiado y se ha ajustado, o más bien, lo hemos ajustado, a los cambios y nuevos procesos que se han generado conforme avanza el tiempo. Los mundos virtuales, entendidos como un espacio  virtual posible gracias a los avances en tecnología, son un resultado de esto. Estos mundos por supuesto difieren y tienen similitudes con el mundo real y a veces, aunque tienen bastantes limitaciones, superan en algunos aspectos y vencen las limitaciones del mundo físico. Así, estos espacios  pueden ser enriquecidos y recorridos colectivamente, son un lugar que propicia el encuentro, la participación y la comunicación entre sus participantes y pueden pensarse como mundos de interacción.  El mundo virtual, en tanto que es una construcción, una espacio diseñado por un arquitecto digital, permite almacenar en él mensajes, información y datos; es un contexto dinámico al que una cantidad relativamente grande  personas tienen acceso,  y es una memoria comunitaria nutrida colectivamente en tiempo real.
En este metamundo es posible contemplar las expresiones estéticas, artísticas de otros tiempos, de mundos antiguos, pero también propiciará, hasta cierto punto, la aparición de nuevas dinámicas, nuevas propuestas estéticas propias de la cibercultura. Esto no significa que las nuevas formas de hacer arte reemplazaran a las tradicionales, sino que se sumaran al patrimonio de la civilización, a la historia humana.
El arte en la cibercultura o Netart:
A diferencia de las obras de arte tradicionales, de las que perteneces al mundo físico, las nuevas obras producto de la cibercultura son obras abiertas. Es decir, mientras el arte en el mundo real es un arte pensado para permanecer en la mayoría de los casos, para perdurar, para ser un archivo de sí mismo, para conservarse tal cual fue concebida, el arte de la cibercultura es un arte pensado para transformarse, para cambiarse, para evolucionar, mutar, crecer, interactuar. Además posee un cierto carácter de universalidad, por la presencia tan extendida de la red e incluso por su aparición en otras obras. Una obra de arte en el mundo de lo real es una obra acabada; en el mundo virtual siempre está dispuesta a ser intervenida, “reutilizada”, “reinventada”; una obra es potencialmente materia prima de otra. Como menciona Pierre Levy en su texto Cibercultura, informe al consejo de Europa: “Cuanto más explota la obra las posibilidades ofrecidas por la interacción, la interconexión y los dispositivos de creación colectiva, más típica es de la cibercultura… y menos se trata de una obra en el sentido clásico del término”. El aquí y el ahora, una reorganización momentánea del mundo virtual, constituyen el sentido del arte virtual. Pierre Levy hace en el mismo texto una reflexión acerca de que a partir de lo nuevo se ha vuelto a lo arcaico, el arte ha regresado a sus sentido de juego y ritual, de una representación efímera, al estilo de las obras de teatro griegas, no hecha para archivarse, sino para el disfrute y gozo del momento.
Daniel Valencia Yepes

La inteligencia del ser humano tiene la gran capacidad de adaptarse al medio en el cual se encuentre y más cuando es el mismo hombre quien introduce cambios en el medio. Nicholas Carr, en su artículo ¿Google nos está haciendo estúpidos? (2008), publicado en la revista estadounidense The Atlantic, hace una reflexión sobre la influencia que tienen las estructuras informacionales y narrativas de internet en el modo de pensar de las personas. “Algo está cambiando. Ya no pienso como antes. Lo siento de manera muy acentuada cuando leo. Sumirme en un libro o un artículo largo solía ser una cosa fácil (…) Sin embargo, eso ya no me ocurre. Resulta que ahora mi concentración se pierde tras leer apenas dos o tres páginas. Me pongo inquieto, pierdo el hilo, comienzo a buscar otra cosa que hacer. En dos palabras, la lectura profunda, que solía ser fácil, se ha vuelto una lucha”, escribe.
En la década del 60, Marshall McLuhan señaló que los medios no son meros canales pasivos por donde fluye información. Se encargan de suministrar los insumos del pensamiento, pero también configuran el proceso de pensamiento.

En este sentido, por ejemplo, la aparición de la escritura supuso un cambio radical en el modo de pensar de las personas, y trajo consigo grandes cambios sociales pues se pasó de una cultura fundamentada en la tradición oral a un a escrita. El registro por medio de la escritura exteriorizó la memoria, y esto fue criticado en su época aunque hoy se nos hace de lo más natural. La estructura mental del hombre ha cambiado gracias a los inventos que hacen exteriores sus capacidades: la escritura liberó la memoria, lo cual puede ser visto como una perdida, pero también como una oportunidad. Tal vez hoy nos parezcan extraños estos fenómenos, incluso creer que significará una pérdida de capacidad mental, pero puede que pronto esto sea de lo más natural, queramos o no.
“Llevo ya más de una década pasando mucho tiempo en línea, haciendo búsquedas y navegando, incluso agregando material a las enormes bases de datos de internet. Como escritor, la red me ha caído del cielo. El trabajo de investigación, que antes me tomaba días inmerso en las secciones de publicaciones periódicas de las bibliotecas, ahora se puede hacer en cuestión de minutos. Un par de búsquedas en Google, un par de clics sobre los enlaces, y ya dispongo del hecho revelador o de la cita exacta que necesitaba”, escribe Carr en su artículo.
Como estudiante puedo decir que la mayoría de consultas de información, conceptos, autores, etc. las hago por internet y no en libros. Esto les está pasando a los usuarios de internet. La misión manifiesta de Google es “organizar toda la información del mundo y hacerla universalmente accesible y útil”. ¿Qué resulta entonces? ¿Miles de resultados pero poca profundidad? Es un tema que amerita reflexión y autores como Nicholas Carr proponen puntos de vista interesantes, pero en nuestras manos ver tanto las amenazas como las oportunidades.

Agustín Patiño Orozco

Bibliografía
-       Carr, Nicholas (2008) ¿Google nos está haciendo estúpidos? En línea. Disponible en: <http://www.elchepito.com/google-nos-esta-volviendo-estupidos-por-nicholas-carr/>

A propósito de El resurgimiento del prosumidor, de Alvin Toffler

Los entornos digitales y ciberespaciales plantean nuevas perspectivas para los flujos sociales en todos los niveles. Un ejemplo de ello es la dinámica económica que se apoya en la figura de consumidor, y su contraparte, el productor. Alvin Toffler, en el capítulo El resurgimiento del prosumidor de su libro La tercera ola (1981) describe un cambio en la manera de concebir los flujos de producción y consumo en diversos ámbitos de la sociedad. Hoy pensamos en un productor y un consumidor separados: si alguien necesita un bien o un servicio debe recurrir a alguien que se lo provea, es decir, alguien que produzca ese bien o servicio de manera especializada, un productor.

Esto puede ser resultado de una estructura social altamente tecnificada y centralizada, donde unos productores ubicados en el centro del modelo cuentan con el saber y los insumos para producir (técnicas) mientras que los consumidores situados en la periferia son los receptores de un modelo de una sola vía.
No obstante, Toffler señala que esto está cambiando: “Gigantescos cambios históricos quedan a veces simbolizados por minúsculas alteraciones en el comportamiento cotidiano”. Por ejemplo en los años setenta apareció un nuevo producto que permite practicar en casa la prueba del embarazo, de modo que en pocos años millones de mujeres empezaron a realizar por sí mismas una tarea que antes necesitaba de médicos y laboratorios.
Esto es en verdad una pequeña manifestación de un gigantesco cambio que podría estar más cerca que lejos. En internet, la estructura social que empieza a dibujarse es más bien fragmentada que centralizada, de forma que no se puede depender de un centro o proveedor, al menos no es todos los casos. La autonomía técnica es pues una necesidad para la red descentralizada: saberes e insumos en manos de los usuarios que se tornan en productores y consumidores a la vez. Este es para Toffler el Resurgimiento del prosumidor.

Los cambios que ha sufrido la dinámica económica, según este autor, pueden describirse mediante tres tendencias u “olas”. Durante la primera ola, la mayoría de las personas consumían lo que ellas mismas producían. Aquí, la producción es para el uso. No hay productores ni  consumidores, sólo prosumidores. Fue la revolución industrial, con la especialización ténica del trabajo, la que dio origen a la segunda ola, en la cual aparecen productores y consumidores, y la producción para el intercambio.
Sin embargo no hay que considerar producción para el uso y producción para el intercambio como excluyentes en el modelo social, pero hay una que predomina. En la segunda ola presenciamos un fuerte predominio de la producción para el intercambio, pero fenómenos como los de la prueba casera de embarazo y, aún más, los fenómenos ciberespaciales, empiezan a evidenciar la aparición de una tercera ola que retorna a la figura del prosumidor, del predominio de la producción para el uso y el “hágalo usted mismo”.

Agustín Patiño Orozco

Bibliografía
-       Toffler, Alvin (1981) La tercera ola. Bogotá: Plaza & Janes. S.A.